crepusculo

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eclipse cuarto capitulo

 

Naturalezas

Estaba siendo una semana horrible.

Yo sabía que no había cambiado nada sustancial. Vale, Victoria no se había rendido, pero ¿acaso había esperado yo alguna vez que fuera de otro modo? Su reaparición sólo había confirmado lo que ya sabía, No tenía motivo para asustarme como si fuera algo nuevo.

Eso en teoría. Porque no sentir pánico es algo más fácil de decir que de hacer.

Solo quedaban unas pocas semanas para la graduación, pero me preguntaba si no era un poco estúpido quedarme sentada, débil y apetecible, esperando el próximo desastre. Parecía demasiado peligroso continuar siendo humana, como si estuviera atrayendo conscientemente peligro. Una persona con mi suerte debía ser un poquito menos vulnerable.

Pero nadie me escucharía.

Carlisle había dicho:

-Somos siete, Bella, y con Alice de nuestro lado, dudo que Victoria nos pueda sorprender con la guardia baja. Pienso que es importante, por el bien de Charlie, que nos atengamos al plan original.

Ksme había apostillado:

-No dejaremos nunca que te pase nada malo, cielo. Ya lo sabes. Por favor, no te pongas nerviosa -y luego me había besado en la frente.

Emmett había continuado:

-Estoy muy contento de que Edward no te haya matado. Todo es mucho más divertido contigo por aquí.

Rosalie le había mirado con cara de pocos amigos.

Alice había puesto los ojos en blanco para luego agregar:

-Me siento ofendida. ¿Verdad que no estás preocupada por esto? ¿a que no?

-Si no era para tanto, entonces, ¿por qué me llevó Edward a Florida? -inquirí.

-Pero ¿no te has dado cuenta todavía, Bella, de que Edward es un poquito dado a reaccionar de forma exagerada?

Jasper, silenciosamente, había borrado todo el pánico y la tensión de mi cuerpo con su curiosa habilidad para controlar las atmósferas emocionales. Me sentí más tranquila y los dejé convencerme de lo innecesario de mi desesperada petición.

Pero claro, toda esa calma desapareció en el momento en que Edward y yo salimos de la habitación.

Así que el acuerdo consistía en que lo mejor que podía hacer era olvidarme de que un vampiro desquiciado quería cazarme para matarme. Y ocuparme de mis asuntos.

Y lo intenté. Y de modo sorprendente, había otras cosas casi tan estresantes en las que concentrarse como mi rango dentro de la lista de especies amenazadas...

Porque la respuesta de Edward había sido la más frustrante de todas.

-Eso es algo entre tú y Carlisle -había dicho-. Claro, que yo estaría encantado de que fuera algo entre tú y yo en cualquier momento que quisieras, pero ya conoces mi condición -y sonrió angelicalmente.

Agh. Claro que sabía en qué consistía su condición. Edward me había prometido que sería él mismo quien me convirtiera cuando yo quisiera... siempre que me casara con él primero.

Algunas veces me preguntaba si sólo simulaba la incapacidad de leerme la mente. ¿Cómo había llegado a encontrar la única condición que tendría problemas en aceptar? El requisito preciso que me obligaría a tomarme las cosas con más calma.

Habia sido una semana malísima en su conjunto, y aquel día, el pero de todos

Siempre eran días malos cuando se ausentaba Edward. Alice no habia visto nada fuera de lo habitual ese fin de semana, por lo que insistí en que aprovechara la oportunidad para irse con sus hermanos de cacería. Sabía cuánto le aburría cazar las presas cercanas, tan fáciles.

-Ve y diviértete -le insté-. Caza unos cuantos pumas por mí.

Jamas admitiría en su presencia lo mal que sobrellevaba la separación, ya que de nuevo volvían las pesadillas de la época del abandono. Si él lo hubiera sabido, le habría hecho sentirse fatal y le hubiera dado miedo dejarme, incluso aunque fuera por la más necesaria de las razones. Así había sido al principio, cuando represamos de Italia. Sus ojos dorados se habían tornado negros y sufría por culpa de la sed más de lo normal. Por eso, ponía cara de valiente y hacía de todo, salvo sacarle a patadas de la casa, cada vez que Emmett y Jasper querían marcharse.

Sin embargo, a veces me daba la sensación de que veía dentro de mí. Al menos un poco. Esa mañana había encontrado una nota en mi almohada.

Volveré tan pronto que no tendrás tiempo de echarme de menos. Cuida de mi corazón... lo he dejado contigo.

Así que ahora tenía todo un sábado entero sin nada que hacer salvo mi turno de la mañana en la tienda de ropa Newton's Olympie para distraerme. Y claro, esa promesa tan reconfortante de Alice.

-Cazaré cerca de aquí. Si me necesitas, estoy sólo a quince minutos. Estaré pendiente por si hay problemas.

Traducción: no intentes nada divertido sólo porque no esté Edward.

Ciertamente, Alice era tan capaz de fastidiarme el coche como Edward.

Intenté mirarlo por el lado positivo. Después del trabajo, había hecho planes con Angela para ayudarle con sus tarjetas de graduación, de modo que estaría distraída. Y Charlie estaba de un humor excelente debido a la ausencia de mi novio, así que convenía disfrutar de esto mientras durara. Alice pasaría la noche conmigo si yo me sentía tan patética como para pedírselo, y mañana Edward ya estaría de vuelta. Sobreviviría.

No quería llegar a trabajar ridiculamente temprano, y me tomé el desayuno masticando muy despacio cada cucharada de cereales Cheerio. Entonces, una vez que hube lavado los platos, coloqué los imanes del frigorífico en una línea perfecta. Quizás estuviera desarrollando un trastorno obsesivo-compulsivo.

Los últimos dos imanes, un par de utilitarias piezas redondas y negras, que eran mis favoritas porque podían sujetar diez hojas de papel en el frigorífico, no querían cooperar con mi fijación. Tenían polaridades inversas; cada vez que intentaba ponerlas en fila, al colocar la última, la otra saltaba fuera de su sitio.

Por algún motivo ‑una manía en ciernes, quizá‑, eso me sacaba de quicio. ¿Por qué no podían comportarse como es debido? De una forma tan estúpida como terca, continué alineándolas como si esperase una repentina rendición. Podría haber puesto una más arriba, pero sentía que eso equivalía a perder. Finalmente, más desesperada por mi comportamiento que por los imanes, los cogí del frigorífico y los sostuve juntos, uno en cada mano. Me costó un poco, ya que eran lo bastante fuertes como para presentar batalla, pero conseguí que coexistieran uno al lado del otro.

-Ya veis -esto de hablarle a los objetos inanimados no podía ser síntoma de nada bueno-. Tampoco es tan malo, ¿a que no?

Permanecí allí quieta durante un segundo, incapaz de admitir que no estaba teniendo ningún éxito a largo plazo contra los principios científicos. Entonces, con un suspiro, volví a colocar los imanes en el frigorífico, a un palmo de distancia.

-No hay necesidad de ser tan inflexible -murmuré.

Todavía era muy temprano, pero decidí que lo mejor sería salir de la casa antes de que los objetos inanimados comenzaran a contestarme.

Cuando llegué a Newtons Olympic, Mike pasaba la mopa de forma metódica por los pasillos mientras su madre acondicionaba un nuevo escaparate en el mostrador. Los pillé en mitad de una disputa, aunque no se dieron cuenta de mi llegada.

-Pero es el único momento en que Tyler puede ir -se quejaba Mike-. Dijiste que después de la graduación...

-Pues vais a tener que esperar -repuso la señora Newton con brusquedad-. Tyler y tú ya podéis empezar a pensar en otra cosa. No vas a ir a Seattle hasta que la policía solucione lo que esta pasando, sea lo que sea. Ya sé que Betty Crowley le ha dicho lo mismo aTyler, así que no me vengas con que yo soy la mala de la película. Oh, buenos días, Bella -me dijo cuando se dio cuenta de que había entrado, alegrando su tono rápidamente-. Has llegado temprano.

Karen Newton era la última persona que podrías imaginar trabajando en un establecimiento de prendas deportivas al aire libre. Llevaba su pelo rubio perfectamente mechado y recogido en un elegante moño bajo a la altura de la nuca, las uñas de las manos pintadas por un profesional, lo mismo que las de los pies, visibles a través de sus altos tacones de tiras que no se parecían en nada a lo que los Newton ofrecían en el largo estante de las botas de montaña.

-Apenas había tráfico -bromeé mientras cogía la horrible camiseta naranja fluorescente de debajo del mostrador. Me sorprendía que la señora Newton estuviera tan preocupada por lo de Seattle como Charlie. Pensé que era sólo él quien se lo había tomado a la tremenda.

-Esto... eh...

La señora Newton dudó por un momento, jugueteando incómoda con el paquete de folletos publicitarios que estaba colocando al lado de la caja registradora.

Ya tenía una mano sobre la camiseta pero me detuve. Conocía esa mirada.

Cuando les hice saber a los Newton que no trabajaría allí ese verano, dejándolos de este modo plantados en la estación con más trabajo, comenzaron a enseñar a Katie Marshall para que ocupara mi lugar. Realmente no podían permitirse mantener los sueldos de las dos a la vez, así que cuando se veía que iba a ser un día tranquilo...

-Te iba a llamar -continuó la señora Newton-. No creo que vayamos a tener hoy mucho trabajo. Creo que podremos apañarnos entre Mike y yo. Siento que te hayas tenido que levantar y conducir hasta aquí.

En un día normal, este giro de los acontecimientos me habría hecho entrar en éxtasis, pero hoy... no tanto.

-Vale -suspiré. Se me hundieron los hombros. ¿Qué iba a hacer ahora?

-Eso no está bien, mamá -repuso Mike-. Si Bella quiere trabajar...

-No, no pasa nada, señora Newton. De verdad, Mike. Tengo examenes finales para los que debo estudiar y otras cosas... -no quería ser una fuente de discordia familiar cuando ya les había sorprendido discutiendo.

-Gracias, Bella. Mike, te has saltado el pasillo cuatro. Esto, Bella ¿no te importaría tirar estos folletos en un contenedor cuando te vayas? Le dije a la chica que los dejó aquí que los pondría en el mostrador, pero la verdad es que no tengo espacio.

-Vale, sin problemas.

Guardé la camiseta y me puse los folletos debajo del brazo, para salir de nuevo al exterior, donde lloviznaba. EI contenedor estaba al otro lado de Newton's Olympic, cerca de donde se suponía que aparcábamos los empleados. Caminé sin dirección precisa hacia allá, enfurruñada, dándole patadas a las piedras. Estaba a punto de tirar el paquete de brillantes papeles amarillos a la basura cuando captó mi interés el título impreso en negrita en la parte superior. Fue una palabra en especial la que me IIamó la atención.

Cogí los papeles entre las dos manos mientras miraba la imagen bajo el título. Se me hizo un nudo en la garganta.

SALVEMOS AL LOBO DE LA PENÍNSULA OLYMPIC

Majo las palabra había un dibujo detallado de un lobo frente a un abeto, con la cabeza echada hacia atrás aullándole a la luna. Era una imagen desconcertante; algo en la postura quejosa del lobo le hacía parecer desamparado. Como si estuviera aullando de pena.

Y luego eché a correr hacia mi coche, con los folletos aún sucios con firmeza en la mano.

Quince minutos, eso era cuanto tenía, pero bastaría. Sólo había quince minutos hasta La Push y seguramente cruzaría la frontera unos cuantos minutos antes de llegar al pueblo.

El coche arrancó sin ninguna dificultad.

Alice no podría estar viéndome hacer esto porque no lo había planeado. Una decisión repentina, ¡ésa era la clave!, y podría sacarle provecho si conseguía moverme con suficiente rapidez.

Con la prisa, arrojé los papeles húmedos al asiento del pasajero, donde se desparramaron en un brillante desorden, cien títulos en negrita, cien lobos negros aullándole a la luna, recortados contra el fondo amarillo.

Iba a toda pastilla por la autopista mojada, con los limpiaparabrisas a tope y sin hacerle caso al rugido del viejo motor. Lo máximo que podía sacarle a mi coche eran unos noventa por hora y recé para que fuera suficiente.

No tenía idea de dónde estaba la frontera, pero empecé a sentirme más segura cuando pasé las primeras casas en las afueras de La Push. Seguro que esto era lo más lejos que se le permitía llegar a Alice.

La telefonearía cuando llegara a casa de Angela por la tarde, me dije para mis adentros, para hacerle saber que me encontraba bien. No había motivo para que se preocupara. No necesitaba enfadarse conmigo, porque Edward ya estaría suficientemente furioso por los dos a su regreso.

Mi coche iba ya resollando cuando chirriaron los frenos al parar frente a la familiar casa de color rojo desvaído. Se me volvió a hacer un nudo en la garganta al mirar aquel pequeño lugar que una vez había sido mi refugio. Había pasado tanto tiempo desde que había estado aquí.

Antes de que pudiera parar el motor, Jacob ya estaba en la puerta, con el rostro demudado por la sorpresa.

En el silencio repentino que se hizo después de que el rugido del motor se detuviera, oí su respiración entrecortada.

-¿Bella?

-¡Hola, Jake!

-¡Bella! -gritó en respuesta y la sonrisa que había estado esperando atravesó su rostro como el sol en un día nublado. Los dientes relampaguearon contra su piel cobriza-. ¡No me lo puedo creer!

corrió hacia el coche, me sacó casi en volandas a través de la puerta abierta, y nos pusimos a saltar como niños.

-¿Cómo has llegado hasta aquí?

-¡Me he escapado!

-¡Impresionante!

-¡Hola, Bella! -Billy impulsó su silla hacia la entrada para ver a qué se debía toda aquella conmoción.

-¡Hola, Bill...!

Y en ese momento me quedé sin aire. Jacob me había sepultado en un abrazo gigante, tan fuerte, que no podía respirar y me daba vueltas en círculo.

-¡Guau, es estupendo tenerte aquí!

-No puedo... respirar -jadeé.

Él se rió y me puso en el suelo.

-Bienvenida de nuevo, Bella -me dijo con una sonrisa.

Y el modo en que lo dijo me sonó como «bienvenida a casa».

Empezamos a andar, demasiado nerviosos ante la perspectiva de quedarnos sentados dentro de la casa. Jacob iba prácticamente saltando mientras andaba y le tuve que recordar unas cuantas veces que yo no tenía piernas de tres metros.

Mientras caminábamos, sentí cómo me transformaba en otra versión de mí misma, la que era cuando estaba con Jacob. Algo más joven, y también algo más irresponsable. Alguien que haría, en alguna ocasión, algo realmente estúpido sin motivo aparente.

Nuestra euforia duró los primeros temas de conversación que abordamos: qué estábamos haciendo, qué queríamos hacer, cuánto tiempo tenía y qué me había traído hasta allí. Cuando le conté lo del folleto del lobo, de forma vacilante, su risa ruidosa hizo eco entre los árboles.

Pero entonces, cuando paseábamos detrás de la tienda y atravesamos los matorrales espesos que bordeaban el extremo más lejano de la playa Primera, llegamos a las partes más difíciles de la conversación. Desde muy pronto tuvimos que hablar de las razones de nuestra larga separación y observé cómo el rostro de mi amigo se endurecía hasta formar la máscara amarga que ya me resultaba tan familiar.

-Bueno, ¿y de qué va esto en realidad? -me preguntó Jacob, pateando un trozo de madera de deriva fuera de su camino con una fuerza excesiva. Saltó sobre la arena y luego se estampó contra las rocas-. O sea, que desde la última vez que... bueno, antes, ya sabes... -luchó para encontrar las palabras. Aspiró un buen trago de aire y lo intentó de nuevo-. Lo que quiero decir es que... ¿simplemente todo ha vuelto al mismo lugar que antes de que él se fuera? ¿Se lo has perdonado todo?

Yo también inspiré con fuerza.

-No había nada que disculpar.

Me habría gustado saltarme toda esta parte, las traiciones y las acusaciones, pero sabía que teníamos que hablar de todo esto antes de que fuéramos capaces de llegar a algún otro lado.

El rostro de Jacob se crispó como si acabara de chupar un limón.

-Desearía que Sam te hubiera tomado una foto cuando te encontramos aquella noche de septiembre. Sería la prueba A.

-No estamos juzgando a nadie.

-Pues quizá deberíamos hacerlo.

-Ni siquiera tú le culparías por marcharse, si conocieras sus motivos.

Me miró fijamente durante unos instantes.

-Está bien -me retó con amargura-. Sorpréndeme.

Su hostilidad me caía encima, quemándome en carne viva. Me dolía que estuviera enfadado conmigo. Me recordó aquella tarde gris y deprimente, hacía mucho ya, cuando, cumpliendo órdenes de Sam, me dijo que no podíamos seguir siendo amigos. Me llevó un momento recobrar la compostura.

-Edward me dejó el pasado otoño porque pensaba que yo no debía salir con vampiros. Pensó que sería mejor para mí si él se marchaba.

Jacob tardó en reaccionar. Luchó consigo mismo durante unos minutos. Lo que fuera que tenía planeado decir, claramente, había dejado de tener sentido. Me alegraba de que no supiera lo que había precipitado la decisión de Edward. Me podía imaginar qué habría pensado de haber sabido que Jasper intentó matarme.

-Pero volvió, ¿no? -susurró Jacob-. Parece que le cuesta atenerse a sus propias decisiones.

-Si recuerdas bien, fui yo la que corrió tras él y le trajo de vuelta.

Jacob me miró con fijeza durante un momento y después me dio la espalda. Relajó el rostro y su voz se había vuelto más tranquila cuando volvió a hablar.

-Eso es cierto, pero nunca supe la historia. ¿Qué fue lo que pasó?

Yo dudaba y me mordí el labio.

-¿Es un secreto? -su voz se tornó burlona- ¿No me lo puedes contar?

-No -contesté con brusquedad-. Además, es una historia realmente larga.

El sonrió con arrogancia, se giró y echó a caminar por la playa, esperando que le siguiera.

No tenía nada de gracioso estar con él si se iba a comportar de ese modo. Le seguí de manera automática, sin saber si no sería mejor dar media vuelta y dejarle. Aunque tendría que enfrentarme con Alice cuando regresara a casa... Así que pensándolo bien, en realidad no tenía tanta prisa.

Jacob llegó hasta un enorme y familiar tronco de madera, un árbol entero con sus raíces y todo, blanqueado y profundamente hundido en la arena; de algún modo, era nuestro árbol.

Se sentó en aquel banco natural y dio unas palmaditas en el sitio que había a su lado.

-No me importa que las historias sean largas. ¿Hay algo de acción?

Puse los ojos en blanco mientras me sentaba a su lado.

-La hay -concedí.

-No puede haber miedo de verdad si no hay un poco de acción.

-¡Miedo! -me burlé-. ¿Vas a escuchar o te vas a pasar todo el rato interrumpiéndome para hacer comentarios groseros sobre mis amigos?

Hizo como que se cerraba los labios con llave y luego como que tiraba la llave invisible sobre su hombro. Intenté no sonreír, pero no lo conseguí.

-Tengo que empezar con cosas que pasaron cuando tú estabas -decidí mientras intentaba organizar las historias en mi mente antes de comenzar.

Jacob alzó una mano.

-Adelante. Eso está bien -añadió él-. No entendí la mayor parte de lo que pasó entonces.

-Ah, vale, estupendo; es un poco complicado, así que presta atención. ¿Sabes ya que Alice tiene visiones?

Interpreté que su ceño fruncido era una respuesta afirmativa, ya que a los hombres lobo no les impresionaba que fuera verdad la leyenda de los poderes sobrenaturales de los vampiros, así que procedí con el relato de mi carrera a través de Italia para rescatar a Edward.

Intenté resumir lo más posible, sin dejarme nada esencial. Al mismo tiempo, me esforcé en interpretar las reacciones de Jacob, pero su rostro era inescrutable mientras le explicaba que Alice había visto los planes de Edward para suicidarse cuando escuchó que yo había muerto. Algunas veces Jacob parecía ensimismarse en sus pensamientos, tanto que ni siquiera estaba segura de que me estuviera escuchando. Sólo me interrumpió una vez.

-¿La adivina chupasangres no puede vernos? -repitió, en su rostro una expresión feroz y llena de alegría-. ¿En serio? ¡Eso es magnífico!

Apreté los dientes y nos quedamos sentados en silencio, con su cara expectante mientras esperaba que continuase. Le miré fijamente hasta que se dio cuenta de su error.

-¡Oops! -exclamó-. Lo siento -y cerró la boca otra vez.

Su respuesta fue más fácil de comprender cuando llegamos a la parte de los Vulturis. Apretó los dientes, se le pusieron los brazos con carne de gallina y se le agitaron las aletas de la nariz. No entré en detalles, pero le conté que Edward nos había sacado del problema, sin revelar la promesa que habíamos tenido que hacer ni la visita que estábamos esperando. Jacob no necesitaba participar de mis pesadillas.

-Ahora ya conoces toda la historia -concluí-. Es tu turno para hablar. ¿Qué ha ocurrido mientras yo pasaba este fin de semana con mi madre?

Sabía que Jacob me proporcionaría más detalles que Edward. No temía asustarme. Se inclinó hacia delante, animado al momento.

-Embry, Quil y yo estábamos de patrulla el sábado por la noche, sólo algo rutinario, cuando allí estaba, saliendo de ninguna parte, ¡bum!, una pista fresca, que no tenía ni quince minutos -alzó los brazos y remedó una explosión-. Sam quería que le esperásemos, pero yo ignoraba que tú te habías ido y no sabía si tus chupasangres estaban vigilando o no. Así que salimos en su persecución a toda velocidad, pero cruzó la línea del tratado antes de que pudiéramos cogerla. Nos dispersamos por la línea esperando que volviera a cruzarla. Fue frustrante, te lo juro -movió la cabeza y el pelo, que ya le había crecido desde que se lo había rapado tan corto cuando se unió a la manada, le cayó sobre los ojos-. Nos fuimos demasiado hacia el sur y los Cullen la persiguieron hacia nuestro sitio, pero sólo a unos cuantos kilómetros al norte de nuestra posición. Habría sido la emboscada perfecta si hubiéramos sabido dónde esperar.

Sacudió la cabeza, haciendo ahora una mueca.

-Entonces fue cuando la cosa se puso peligrosa. Sam y los otros le cogieron el rastro antes de que llegáramos, pero ella iba de un lado a otro de la línea y el aquelarre en pleno estaba al otro lado. El grande, ¿cómo se llama...?

-Emmett.

-Ese, bueno, pues él arremetió contra ella, pero ¡qué rápida es esa pelirroja! Voló detrás de ella y casi se estrella contra Paul. Y ya sabes, Paul... bueno, ya le conoces.

-Sí.

-Se le fue la olla. No puedo decir que le culpe, tenía al chupasangres grandote justo encima de él. Así que saltó... Eh, no me mires así. El vampiro estaba en nuestro territorio.

Intenté recomponer mi expresión para que continuara con su relato. Tenía las uñas clavadas en las palmas de las manos con la tensión de la historia, incluso sabiendo que había terminado bien.

-De cualquier modo, Paul falló y el grandullón regresó a su sitio, pero entonces, esto, la, eh, bien, la rubia...

La expresión de Jacob era una mezcla cómica de disgusto y reacia admiración mientras intentaba encontrar una palabra para describir a la hermana de Edward.

-Rosalie.

-Como quieras. Se había vuelto realmente territorial, así que Sam y yo nos retrasamos para cubrir los flancos de Paul. Entonces su líder y el otro macho rubio...

-Carlisle y Jasper.

Me miró algo exasperado.

-Ya sabes que me da igual cómo se llamen. Como sea, Carlisle habló con Sam en un intento de calmar las cosas. Y fue bastante extraño porque la verdad es que todo el mundo se tranquilizó muy rápido. Creo que fue ese otro que dices, que nos hizo algo raro en la cabeza, pero aunque sabíamos lo que estaba haciendo, no podíamos dejar de estar tranquilos.

-Ah, sí, ya sé cómo se siente uno.

-Realmente cabreado, así es como se siente uno. Sólo que no estás enfadado del todo, al final -sacudió la cabeza, confundido-. Así que Sam y el vampiro líder acordaron que la prioridad era Victoria y volvimos a la caza otra vez. Carlisle nos dio la pista de modo que pudimos seguir el rastro correcto, pero entonces tomó el camino de los acantilados justo al norte del territorio de los makah, donde la frontera discurre pegada a la costa durante unos cuantos kilómetros. Así que se metió en el agua otra vez. El grandullón y el tranquilo nos pidieron permiso para cruzar la frontera y perseguirla, pero se lo denegamos, como es lógico.

-Estupendo. Quiero decir que vuestro comportamiento me parece estúpido, pero estoy contenta. Emmett nunca tiene la suficiente prudencia. Podría haber salido herido.

Jacob resopló.

-Así que tu vampiro te dijo que los atacamos sin razón y que su aquelarre, totalmente inocente...

-No -le interrumpí-. Edward me contó la misma historia, sólo que sin tantos detalles.

-Ah -dijo Jacob entre dientes y se inclinó para coger una piedra entre los millones de guijarros que teníamos a los pies. Con un giro casual, la mandó volando sus buenos cien metros hacia las aguas de la bahía-. Bueno, ella regresará, supongo. Y volveremos a tenerla a tiro.

Me encogí de hombros; ya lo creo que volvería, pero ¿de veras me lo contaría Edward la próxima vez? No estaba segura. Debía mantener vigilada a Alice en busca de los síntomas indicadores de que el patrón de comportamiento volvía a repetirse...

Jacob no pareció darse cuenta de mi reacción. Estaba sumido en la contemplación de las olas con los gruesos labios apretados y una expresión pensativa en la cara.

-¿En qué estás pensando? -le pregunté después de un buen rato en silencio.

-Le doy vueltas a lo que me has dicho hace un rato. En cuando la adivina te vio saltando del acantilado y pensó que querías suicidarte, y en cómo a partir de aquello todo se descontroló... ¿Te das cuenta de que, si te hubieras limitado a esperarme, como se supone que tenías que hacer, entonces la chup... Alice no habría podido verte saltar? Nada habría cambiado. Probablemente, los dos estaríamos ahora en mi garaje, como cualquier otro sábado. No habría ningún vampiro en Forks y tú y yo... -dejó que su voz se apagara, perdido en sus pensamientos.

Era desconcertante su forma de ver la situación, como si fuera algo bueno que no hubiera vampiros en Forks. Mi corazón comenzó a latir arrítmicamente ante el vacío que sugería la imagen.

-Edward hubiera regresado de todos modos.

-¿Estás segura de eso? -me preguntó otra vez, volviendo a su aptitud beligerante en cuanto mencioné el nombre de Edward.

-Estar separados... no nos va bien a ninguno de los dos.

Comenzó a decir algo, algo violento a juzgar por su expresión, pero enmudeció de pronto, tomó aliento y empezó de nuevo.

-¿Sabías que Sam está muy enfadado contigo?

-¿Conmigo? -me llevó entenderlo un segundo-. Ah, ya. Cree que se habrían mantenido apartados si yo no estuvie-aquí.

-No. No es por eso.

-¿Cuál es el problema entonces?

Jacob se inclinó para tomar otra roca. Le dio vueltas una y otra vez, entre los dedos. No le quitaba ojo a la piedra negra mientras hablaba en voz baja.

-Cuando Sam vio... en qué estado estabas al principio, cuando Billy les contó lo preocupado que estaba Charlie porque no mejorabas y entonces, cuando empezaste a saltar de los acantilados...

Puse mala cara. Nadie iba a dejar nunca que me olvidara de eso.

Los ojos de Jacob me miraron de hito en hito.

-Pensamos que tú eras la única persona en el mundo que tenía tanta razón para odiar a los Cullen como él. Sam se siente... traicionado porque los volvieras a dejar entrar en tu vida, como si jamás te hubieran hecho daño.

No me creí ni por un segundo que Sam fuera el único que se sintiera de ese modo, y por tanto, el tono ácido de mi respuesta iba dirigido a ambos.

-Puedes decirle a Sam que se vaya a...

-Mira eso -Jacob me interrumpió señalándome a un águila en el momento en que se lanzaba en picado hacia el océano desde una altura increíble. Recuperó el control en el último minuto, y sólo sus garras rozaron la superficie de las olas, apenas durante un instante. Después volvió a aletear, con las alas tensas por el esfuerzo de cargar con el peso del pescado enorme que acababa de pescar-. Lo ves por todas partes -dijo con voz repentinamente distante-. La naturaleza sigue su curso, cazador y presa, el círculo infinito de la vida y la muerte.

No entendía el sentido del sermón de la naturaleza; supuse que sólo quería cambiar el tema de la conversación, pero entonces se volvió a mirarme con un negro humor en los ojos.

-Y desde luego, no verás al pez intentando besar al águila. Jamás verás eso -sonrió con una mueca burlona.

Le devolví la sonrisa, una sonrisa tirante, porque aún tenía un sabor ácido en la boca.

-Quizás el pez lo está intentando -le sugerí-. Es difícil saber lo que piensa un pez. Las águilas son unos pájaros bastante atractivos, ya sabes.

-¿A eso es a lo que se reduce todo? -su voz se volvió aguda-. ¿A tener un buen aspecto?

-No seas estúpido, Jacob.

-Entonces, ¿es por el dinero? -insistió.

-Estupendo -murmuré, levantándome del árbol-. Me halaga que pienses eso de mí -le di la espalda y me marché.

-Oh, venga, no te pongas así -estaba justo detrás de mí; me cogió de la cintura y me dio una vuelta-. ¡Lo digo en serio!, intento entenderte y me estoy quedando en blanco.

Frunció el ceño enfadado y sus ojos se oscurecieron enquistados entre sombras.

--Le amo. ¡Y no porque sea guapo o rico! -le escupí las palabras a la cara-. Preferiría que no fuera ni lo uno ni lo otro. Incluso te diría que eso podría ser un motivo para abrir una brecha entre nosotros, pero no es así, porque siempre es la persona más encantadora, generosa, brillante y decente que me he encontrado jamás. Claro que le amo. ¿Por qué te resulta tan difícil de entender?

-Es imposible de comprender.

-Por favor, ilumíname, entonces, Jacob -dejé que el sarcasmo fluyera denso-. ¿Cuál es la razón válida para amar a alguien? Como dices que lo estoy haciendo mal...

-Creo que el mejor lugar para empezar sería mirando dentro de tu propia especie. Eso suele funcionar.

-¡Eso es... asqueroso! -le respondí con brusquedad-. Supongo que debería estar loca por Mike Newton después de todo.

Jacob se estremeció y se mordió el labio. Pude ver que mis palabras le habían herido, pero yo estaba demasiado enfadada para sentirme mal por ello.

Me soltó la muñeca y cruzó los brazos sobre el pecho, volviéndose para mirar hacia el océano.

-Yo soy humano -susurró, con voz casi inaudible.

-No eres tan humano como Mike -continué sin piedad-. ¿Sigues pensando que es la consideración más importante?

-No es lo mismo -Jacob no apartó los ojos de las olas grises-. Yo no he escogido esto.

Me eché a reír incrédula.

-¿Y crees que Edward sí? Él no sabía lo que le estaba ocurriendo más que tú. Él no eligió esto.

Jacob cabeceó de atrás adelante con un movimiento rápido y corto.

-¿Sabes, Jacob?, es terrible por tu parte que pretendas sentirte moralmente superior, considerando que tú eres un licántropo.

-No es lo mismo -repitió él, mirándome con el ceño fruncido.

-No veo por qué no. Podrías ser un poquito más comprensivo con los Cullen. No tienes idea de lo buenos que son, pero buenos de verdad, Jacob.

Frunció el ceño más profundamente.

-No deberían existir. Su existencia va contra la naturaleza.

Le miré con fijeza durante un largo rato, con una ceja alzada, llena de incredulidad. Pasó un tiempo hasta que se dio cuenta.

-¿Qué?

-Hablando de algo antinatural... -insinué.

-Bella -me dijo, con la voz baja, y algo diferente. Envejecida. Me di cuenta de que, de repente, sonaba mucho mayor que yo, como un padre o un profesor-. Lo que yo soy ha nacido conmigo. Es parte de mi naturaleza, de mi familia, de lo que todos somos como tribu, es la razón por la cual todavía estamos aquí. Aparte de eso -bajó la vista para mirarme, con sus ojos oscuros inescrutables-, sigo siendo humano.

Me cogió la mano y la presionó contra su pecho ardiente como la fiebre. A través de su camiseta, pude sentir el rápido latido de su corazón contra mi mano.

-Los humanos normales no arrojan motos por ahí, como haces tú.

Él sonrió ligeramente, con una media sonrisa.

-Los humanos normales huyen de los monstruos, Bella. Y nunca he proclamado ser normal. Sólo humano.

Continuar enfadada con Jacob resultaba muy cansado. Empecé a sonreír mientras retiraba la mano de su pecho.

-La verdad es que me pareces humano del todo -concedí-. Al menos de momento.

-Me siento humano.

Miró a lo lejos, y volvió el rostro. Le tembló el labio inferior y se lo mordió con fuerza.

-Oh, Jake -murmuré al tiempo que buscaba su mano.

Esa era la razón por la que estaba aquí. Ésa era la razón por la que no me importaba quedarme, fuera cual fuera la recepción que me esperase al regresar. Porque bajo toda esa ira y ese sarcasmo, Jacob sufría. Justo ahora, lo estaba viendo en sus ojos. No sabía ayudarle, pero sabía que tenía que intentarlo. No era por todo lo que le debía, sino porque su pena me dolía a mí también.

Jacob se había convertido en parte de mí y no había nada que pudiera cambiar eso.

biografia de taylor laurent

Taylor Daniel Lautner (11 de febrero de 1992 , Grand Rapids (Míchigan) ) es un actor estadounidense y experto en artes marciales que ha participado en películas como Las aventuras de Sharkboy y Lavagirl en 3-D , Cheaper by the Dozen 2 con Steve Martin y Crepúsculo .

 

Taylor nació en Grand Rapids (Míchigan) , hijo de Dan y Deborah Lautner. Tiene raíces francesas , alemanas y neerlandesas , y también parte de indio americano por parte de madre. (más concretamente, de las tribus Potawatomi y Ottawa ). Lautner empezó a estudiar karate a los seis años, entrenando en el Fabiano's Karate School en Holland , Michigan . Al año siguiente, ya empezaba a ganar campeonatos. Fue invitado a entrenar con el siete veces campeón del mundo de kárate, Michael Chaturantabut , y cuando cumplió los ocho años, se le invitó a representar a su país en la World Karate Association donde, en la modalidad Junior World Forms and Weapons, ganó tres medallas de oro.

Taylor empezó su carrera de actor después de que su entrenador de artes marciales le persuadiera para que acudiera a un cásting de Burger King en Los Ángeles . Aunque al final no lo eligieron, disfrutó tanto de la experiencia que decidió continuar con la carrera de actuación.

Pronto, él y su familia se trasladaron desde Michigan hasta California para que Taylor pudiera audicionar a más castings. Cuando Lautner cumplió los diez años, su familia se instaló definitivamente en Los Ángeles para apoyarlo en su carrera de actor a tiempo completo. También siguió desarrollando su afición por las artes marciales, y en el 2003 , con sólo once años, se posicionó como número uno en el mundo del NASKA's Black Belt Open Forms, Musical Weapons, Traditional Weapons y Traditional Forms, y a la edad de doce años, ganó el Campeonato del Mundo Junior de Artes Marciales.

 

Taylor empezó actuando en el 2001 , apareciendo en la película Shadow Fury . También tuvo papeles como extra en Summerland , El Show de Bernie Mac y Mi mujer e hijos . Así mismo tuvo un papel en Danny Phantom como YoungBlood. En el 2005, obtuvo el rol principal en la película infantil Las aventuras de Sharkboy y Lavagirl en 3-D , una película en donde pudo mostrar algunos de sus dotes en las artes marciales.

También consiguió papeles pequeños en numerosas series de televisión, incluyendo The Nick & Jessica Variety Hour . Apareció en America's Most Talented Kids , dando una exhibición de artes marciales. Referente a la televisión, ha puesto la voz para personajes animados tales como YoungBlood de Danny Phantom , Silas de Silas and Brittany , episodios de ¿Qué hay de nuevo Scooby-Doo? y He's a Bully, Charlie Brown .

En 2005 , a la edad de trece años, encarnó el papel de Sharkboy en la película de Robert Rodríguez , Las aventuras de Sharkboy y Lavagirl en 3-D. Pasó tres meses en Austin, Texas , rodando la película. Durante esos meses, audicionó exitosamente para el papel de Elliot Murtaugh, el hijo del rival de los Baker, en la película Cheaper by the Dozen 2 , junto con Steve Martin y Hilary Duff .

En el año 2008 fue elegido para el papel de Jacob Black , un joven licántropo con sangre nativo-americana, personaje de la saga literaria Crepúsculo , de Stephenie Meyer . Taylor continuó encarnando a Jacob Black para las siguientes secuelas de los libros de Meyer, logrando así un papel más protagonista. También estará en Eclipse que tal vez salga en el año 2010. Más tarde, en octubre del mismo año, Lautner hizo el papel de Jack Spivey, el hijo del protagonista de la serie televisiva My Own Worst Enemy , junto a Christian Slater . No obstante, la serie fue cancelada en su noveno episodio por no tener suficiente audiencia

biografia de Jackson Rathbone

Jackson Rathbone (21 de diciembre de 1984 ) es un actor estadounidense conocido principalmente por sus roles como Nicholas Fiske en Beautiful People y como Jasper Hale en la adaptación del best-seller de Stephenie Meyer , Crepúsculo .

 

Rathbone nació en Singapur y ha vivido en lugares que van desde Indonesia hasta Midland , Texas . Comenzó en un teatro local en Midland, con el programa para actores jóvenes, "The Pickwick Players", inicialmente participando en musicales. Jackson asistió a la Interlochen Arts Academy , una escuela privada de artes en Michingan, donde se formó mejor como actor. Luego de graduarse, tuvo la intención de ir a la Royal Scottish Academy , pero finalmente fue a Los Ángeles a experimentar con la pantalla grande.Tiene un grupo de música llamado 100 Monkeys. Tiene 4 hermanas mayores. Recientemente ha declarado una cierta atracción hacia su compañera Ashley Greene.

 

Rathbone ha tenido roles de invitado en The O.C. y Close to Home . También trabajó durante un largo tiempo para Disney 411 y entrevistó a estrellas tales como Hilary Duff . Las películas en las que ha participado incluyen Molding Clay , Pray for Morning , y Travis and Henry . En el año 2008 , interpretó a Jasper Hale en la película Crepúsculo , basada en el best-seller de Stephenie Meyer .

Rathbone también ha sido elegido protagonista en la película biografica Lord of Chaos , en la que interpretará a Varg Vikernes , famoso lider de la banda de Black Metal Burzum y culpable de las repetidas quemas de iglesias en Noruega.

biografia de elizabeth reaser

 

Elizabeth Ann Reaser (15 de junio de 1975 y mide 1,59) es una actriz estadounidense . Nacida en Bloomfield, Míchigan quiso ser actriz desde la infancia.

Ha aparecido en algunas series de televisión así como Anatomía de Grey y Saved.

Encarna a Esme Cullen en la película basada en el best seller Crepúsculo de Stephenie Meyer

 

Elizabeth Reaser es la mediana de tres hermanas. Creció en las zonas rurales de Milford, Míchigan .

Empezó a estudiar en la universidad de Oakland en Rochester Hills pero poco después la dejaría para ingresar en Juilliard School of Drama donde se licenciaría en Bellas Artes (1999).

Elizabeth es vegetariana reconocida por PETA .

En octubre de 2004 la revista Interview la clasificó como una de las 14 mujeres más creativas

biografia de Billy Burke

Billy Burke es un actor estadounidense nacido el 25 de noviembre de 1966 en Bellingham , Washington conocido por sus apariciones en las series televisivas 24 y Wonderland . En 2008 interpreto al padre de Kristen Stewart en la mundialmente conocida saga de novelas, Crepúsculo .

biografia de peter facinelli

Peter Facinelli (n. 26 de noviembre de 1973 ) es un actor estadounidense , conocido por su papel en la serie del 2002 Fastlane, junto a Bill Bellamy y Tiffani Thiessen .

Vida Personal

Facinelli creció en Ozone Park , Queens , Nueva York , en una familia con una rica herencia italoamericana . El estudio actuación en la Atlantic Theater Company Acting School en New York City ; Algunos de sus maestros fueron William H. Macy , Felicity Huffman , Giancarlo Esposito, y Camryn Manheim .

Facinelli conoció a la que seria su futura esposa, Jennie Garth , en el set de An Unfinished Affair, un film de televisión realizado en 1996. Se casaron el 20 de enero de 2001 . Él y Garth tienen tres hijas juntos: Luca Bella (22 de junio de 1997 ), Lola Ray (6 de diciembre de 2002 ) y Fiona Eve (30 de septiembre de 2006 ).

 

Películas y Proyectos de Televisión

El último proyecto de Peter fue "Crepúsculo", el cual co-actuó con Robert Pattinson (Edward Cullen), protagonizando a Carlisle Cullen. También ha participado en películas como Riding in Cars with Boys , The Scorpion King , y Can't Hardly Wait. En 2004 y 2005, fue un invitado recurrente del show de HBO Six Feet Under . También apareció en la serie original de FX Damages. Actualmente trabaja en Nurse Jackie junto a Edie Falco (Los Soprano ).

biografia de kellan lutz

Kellan Christopher Lutz (nació el 15 de marzo de 1985 ) es un actor estadounidense, quien interpretó a Emmett Cullen en la película Crepúsculo , basada en la novela de Stephenie Meyer , antes de este papel el cual le a llevado a la fama el actuo en la serie "90210" basada en la exitosa serie "Sensacion de Vivir". Antes de actuar, fue un modelo de Abercrombie & Fitch y actuó en el video musical «With Love » de Hilary Duff , donde personificaba al chico que busca a la artista durante el rodaje.

 

Kellan Christopher Lutz está en el medio de seis hermanos y una hermana, siendo él más alto de todos. Nació en Dickinson, Dakota del Norte. Vivió en diversos lugares de ese estado, en el Medio Oeste y en Arizona. Comenzó a modelar cuando tenía 13 ó 14 años, y después de graduarse en su secundaria se mudó a Los Ángeles para conseguir su carrera como actor, aunque sus padres no estaban muy de acuerdo. Pronto obtuvo más fama y apareció en la serie de HBO , The Comeback,y otras como Accepted y Stick It. Participó también en el video musical «With Love» con Hillary Duff.

Lutz tiene una estrecha amistad con sus co-estrellas de Crepúsculo, en particular con Ashley Greene y Jackson Rathbone , a quien conocía antes de empezar a filmar la película. Tiene un pequeño rol en la serie 90210 como George. Además, sabe hablar español por el hecho de que vivió seis meses en República Dominicana . Acaba de romper con su novia Anna Lynne McCord

tercer capitulo de eclipse

 

Razones

El sol estaba tan oculto entre las nubes que no había forma de decir si se había puesto o no. Me encontraba bastante desorientada después de un vuelo tan largo, como si fuéramos hacia el oeste, a la caza del sol, que a pesar de todo parecía inmóvil en el cielo; por extraño que pudiera parecer, el tiempo estaba inestable. Me tomó por sorpresa el momento en que el bosque cedió paso a los primeros edificios, señal de que ya estábamos cerca de casa.

-Llevas mucho tiempo callada -observó Edward-. ¿Te has mareado en el avión?

-No, me encuentro bien.

-¿Te ha entristecido la despedida?

-Creo que estoy más aliviada que triste.

Alzó una ceja. Sabía que era inútil e innecesario, por mucho que odiara admitirlo, pedirle que mantuviera los ojos fijos en la carretera.

-Renée es bastante más... perceptiva que Charlie en muchos sentidos. Me estaba poniendo nerviosa.

Edward se rió.

-Tu madre tiene una mente muy interesante: casi infantil, pero muy perspicaz. Ve las cosas de modo diferente a los demás.

Perspicaz. Era una buena definición de mi madre, al menos cuando prestaba atención a las cosas. La mayor parte del tiempo Renée estaba tan apabullada por lo que sucedía en su propia vida que apenas se daba cuenta de mucho más, pero este fin de semana me había dedicado toda su atención.

Phil estaba ocupado, ya que el equipo de béisbol del instituto que entrenaba había llegado a las rondas finales y el estar a solas con Edward y conmigo había intensificado el interés de Renée. Comenzó a observar tan pronto como nos abrazó y se pasaron los grititos de alegría; y mientras observaba, sus grandes ojos azules primero habían mostrado perplejidad, y luego interés.

Esa mañana nos habíamos ido a dar un paseo por la playa. Quería enseñarme todas las cosas bonitas del lugar donde se encontraba su nuevo hogar, aún con la esperanza de que el sol consiguiera atraerme fuera de Forks. También quería hablar conmigo a solas y esto le facilitaba las cosas. Edward se había inventado un trabajo del instituto para tener una excusa que le permitiera quedarse dentro de la casa durante el día.

Reviví la conversación en mi mente...

Renée y yo deambulamos por la acera, procurando mantenernos al amparo de las sombras de las escasas palmeras. Aunque era temprano el calor resultaba abrasador. El aire estaba tan impregnado de humedad que el simple hecho de inspirar y exhalar el aire estaba suponiendo un esfuerzo para mis pulmones.

-¿Bella? -me preguntó mi madre, mirando a lo lejos, sobre la arena, a las olas que rompían suavemente mientras hablaba.

-¿Qué pasa, mamá?

Ella suspiró al tiempo que evitaba mi mirada.

-Me preocupa...

-¿Qué es lo que va mal? -pregunté, repentinamente ansiosa-. ¿En qué puedo ayudarte?

-No soy yo -sacudió la cabeza-. Me preocupáis tú... y Edward.

Renée me miró por fin, con una expresión de disculpa en el rostro.

-Oh -susurré, fijando los ojos en una pareja que corría y que nos sobrepasó en ese momento, empapados en sudor.

Vais mucho más en serio de lo que pensaba -continuó ella.

Fruncí el ceño, revisando con rapidez en mi mente los dos últimos días. Edward y yo apenas nos habíamos tocado, al menos delante de ella. Me pregunté si Renée también me iba soltar un sermón sobre la responsabilidad. No me importaba que fuera del mismo modo que con Charlie, porque no me avergonzaba hablar del tema con mi madre. Después de todo, había sido yo la que le había soltado a ella el mismo sermón una y otra vez durante los últimos diez años.

-Hay algo... extraño en cómo estáis juntos -murmuró ella, con la frente fruncida sobre sus ojos preocupados-. Te mira de una manera... tan... protectora. Es como si estuviera dispuesto a interponerse delante de una bala para salvarte o algo parecido.

Me reí, aunque aún no me sentía capaz de enfrentarme a su mirada.

-¿Y eso es algo malo?

-No -ella volvió a fruncir el ceño mientras luchaba para encontrar las palabras apropiadas-. Simplemente es diferente. Él siente algo muy intenso por ti... y muy delicado. Me da la impresión de no comprender del todo vuestra relación. Es como si me perdiera algún secreto.

-Creo que estás imaginando cosas, mamá -respondí con rapidez, luchando por hablarle con total naturalidad a pesar de que se me había revuelto el estómago. Había olvidado cuántas cosas era capaz de ver mi madre. Había algo en su comprensión sencilla del mundo que prescindía de todo lo accesorio para ir directa a la verdad. Antes, esto no había sido nunca un problema.

Hasta ahora, no había existido jamás un secreto que no pudiera contarle.

-Y no es sólo él -apretó los labios en un ademán defensivo-. Me gustaría que vieras la manera en que te mueves a su alrededor.

-¿Qué quieres decir?

-La manera en que andas, como si él fuera el centro del mundo para ti y ni siquiera te dieras cuenta. Cuando él se desplaza, aunque sea sólo un poco, tú ajustas automáticamente tu posición a la suya. Es como si fuerais imanes, o la fuerza de la gravedad. Eres su satélite... o algo así. Nunca había visto nada igual.

Cerró la boca y miró hacia el suelo.

-No me lo digas -le contesté en broma, forzando una sonrisa-. Estás leyendo novelas de misterio otra vez, ¿a que sí? ¿O es ciencia-ficción esta vez?

Renée enrojeció adquiriendo un delicado color rosado.

-Eso no tiene nada que ver.

-¿Has encontrado algún título bueno?

-Bueno, sí, había uno, pero eso no importa ahora. En realidad, estamos hablando de ti.

-No deberías salirte de la novela romántica, mamá. Ya sabes que enseguida te pones a flipar.

Las comisuras de sus labios se elevaron.

-Estoy diciendo tonterías, ¿verdad?

No pude contestarle durante menos de un segundo. Renée era tan influenciable. Algunas veces eso estaba bien, porque no todas sus ideas eran prácticas, pero me dolía ver lo rápidamente que se había visto arrastrada por mi contemporización, sobre todo teniendo en cuenta que esta vez tenía más razón que un santo.

Levantó la mirada y yo controlé mi expresión.

-Quizá no sean tonterías, tal vez sea porque soy madre -se echó a reír e hizo un gesto que abarcaba las arenas blancas y el agua azul-. ¿Y todo esto no basta para conseguir que vuelvas con la tonta de tu madre?

Me pasé la mano con dramatismo por la frente y después fingí retorcerme el pelo para escurrir el sudor.

-Terminas acostumbrándote a la humedad -me prometió.

-También a la lluvia -contraataqué.

Me dio un codazo juguetón y me cogió la mano mientras regresábamos a su coche.

Dejando a un lado su preocupación por mí, parecía bastante feliz. Contenta. Todavía miraba a Phil con ojos enamorados y eso me consolaba. Seguramente su vida era plena y satisfactoria. Seguramente no me echaba tanto de menos, incluso ahora...

Los dedos helados de Edward se deslizaron por mi mejilla. Le devolví la mirada, parpadeando de vuelta al presente. Se inclinó sobre mí y me besó la frente.

-Hemos llegado a casa, Bella Durmiente. Hora de despertarse.

Nos habíamos parado delante de la casa de Charlie, que había aparcado el coche patrulla en la entrada y mantenía encendida la luz. del porche. Mientras observaba la entrada, vi cómo se alzaba la cortina en la ventana del salón, proyectando una línea de luz amarilla sobre el oscuro césped.

Suspiré. Sin duda, Charlie estaba esperando para abalanzarse sobre mí.

Edward debía de estar pensando lo mismo, porque su expresión se había vuelto rígida y sus ojos parecían lejanos cuando me abrió la puerta.

-¿Pinta mal la cosa?

-Charlie no se va a poner difícil -me prometió Edward con voz neutra, sin mostrar el más ligero atisbo de humor-. Te ha echado de menos.

Entorné los ojos, llenos de dudas. Si ése era el caso, ¿por qué Edward estaba en tensión, como si se aproximara una batalla?

Mi bolsa era pequeña, pero él insistió en llevarla hasta dentro. Papá nos abrió la puerta.

-¡Bienvenida a casa, hija! -gritó Charlie como si realmente lo pensara-. ¿Qué tal te ha ido por Jacksonville?

-Húmedo. Y lleno de bichos.

-¿Y no te ha vendido Renée las excelencias de la Universidad de Florida?

-Lo ha intentado, pero francamente, prefiero beber agua antes que respirarla.

Los ojos de Charlie se deslizaron de hito en hito hacia Edward.

-¿Te lo has pasado bien?

-Sí -contestó con voz serena-. Renée ha sido muy hospitalaria.

-Esto..., hum, vale. Me alegro de que te divirtieras -Charlie apartó la mirada de Edward y me abrazó de forma inesperada.

-Impresionante -le susurré al oído.

Rompió a reír con una risa sorda.

-Realmente te he echado de menos, Bella. Cuando no estás, la comida es asquerosa.

-Ahora lo pillo -le contesté mientras soltaba su abrazo.

-¿Podrías llamar a Jacob lo primero de todo? Lleva fastidiándome cada cinco minutos desde las seis de la mañana. Le he prometido que haría que le llamaras antes de que te pusieras a deshacer la maleta.

No tuve que mirar a Edward para advertir la rigidez de su postura o la frialdad de su expresión. Así que ésta era la causa de su tensión.

-¿Jacob desea hablar conmigo?

-Con toda su alma, diría yo. No ha querido decirme de qué iba la cosa, sólo me ha dicho que es importante.

El teléfono volvió a sonar, estridente y acuciante.

-Será él otra vez, me apuesto la próxima paga -murmuró Charlie.

-Ya lo cojo yo -dije mientras me apresuraba hacia la cocina.

Edward me siguió mientras Charlie desaparecía en el salón.

Agarré el auricular en mitad de un pitido y me volví para permanecer de cara a la pared.

-¿Diga?

-Has regresado -dijo Jacob.

Su áspera voz familiar me hizo sentir una intensa añoranza. Mil recuerdo asaltaron mi mente, mezclándose entre sí: una playa rocosa sembrada de maderas que flotaban a la deriva, un garaje fabricado con plásticos, refrescos calientes en una bolsa de papel, una habitación diminuta con un raído canapé, igualmente pequeño. El júbilo brillando en sus oscuros ojos hundidos, el calor febril de su mano grande en torno a la mía, el relampagueo de sus dientes blancos contra su piel oscura, su rostro distendiéndose en esa amplia sonrisa que había sido siempre como la llave de una puerta secreta, donde sólo tienen acceso los espíritus afines.

Sentí una especie de anhelo por la persona y el lugar que me habían protegido a lo largo de mi noche más oscura.

Me aclaré el nudo que tenía en la garganta.

-Sí -contesté.

-¿Por qué no me has llamado? -exigió Jacob.

Su tono malhumorado me enfadó al instante.

-Porque llevo en casa exactamente cuatro segundos y tu llamada interrumpió el momento en que Charlie me estaba diciendo que habías telefoneado.

-Oh. Lo siento.

-Ya. Y dime, ¿por qué agobias a mi padre?

-Necesito hablar contigo.

-Seguro, pero eso ya lo tengo claro. Sigue.

Hubo una corta pausa.

-¿Vas a ir a clase mañana?

Torcí el gesto, incapaz de ver adonde quería ir a parar.

-Claro que iré, ¿por qué no iba a hacerlo?

-Ni idea. Sólo era curiosidad.

Otra pausa.

-¿Y de qué quieres hablar, Jake?

Él dudó.

-Supongo que de nada especial. Sólo... quería oír tu voz.

-Sí..., lo entiendo... Me alegra tanto que me hayas llamado, Jake. Yo... -pero no sabía qué más decir. Me gustaría haberle dicho que me iba de camino a La Push en ese momento, pero no podía.

-He de irme -soltó de pronto.

-¿Qué?

-Te llamaré pronto, ¿vale?

-Pero Jake...

Ya había colgado. Escuché el tono de escucha con incredulidad.

-Qué cortante -murmuré.

-¿Va todo bien? -preguntó Edward con voz baja y cautelosa.

Me volví lentamente para encararle. Su expresión era totalmente tranquila e inescrutable.

-No lo sé. Me pregunto de qué va esto -no tenía sentido que Jacob hubiera estado incordiando a Charlie todo el día sólo para preguntarme si iba a ir a la escuela. Y si quería escuchar mi voz, ¿por qué había colgado tan pronto?

-Tú tienes más probabilidades de acertar en esto que yo -comentó Edward, con la sombra de una sonrisa tirando de la comisura de su labio.

-Aja -susurré. Era cierto. Conocía a Jake a fondo. Seguro que sus razones no serían tan complicadas de entender.

Con mis pensamientos a kilómetros de distancia ‑como a unos veintitrés kilómetros siguiendo la carretera hacia La Push‑, comencé a reunir los ingredientes necesarios en el frigorífico para prepararle la cena a Charlie. Edward se retrepó contra la encimera y yo era apenas consciente de cómo clavaba los ojos en mi rostro, pero estaba demasiado inquieta para preocuparme también por lo que pudiera ver en ellos.

Lo del instituto tenía pinta de ser la clave del asunto. Eso era en realidad lo único que Jake había preguntado. Y él debía de estar buscando una respuesta a algo, o no habría molestado a Charlie de forma tan persistente.

Sin embargo, ¿por qué le iba a preocupar mi asistencia a clase? Intenté abordar el tema de una manera lógica. Así que, si yo hubiera faltado al día siguiente al instituto, ¿qué problema hubiera supuesto eso desde el punto de vista de Jacob? Charlie se había mostrado molesto porque yo perdiera un día de clase tan cerca de los finales, pero le había convencido de que un viernes no iba a suponer un estorbo en mis estudios. A Jake eso le daba exactamente igual. Mi cerebro no parecía estar dispuesto a colaborar con ninguna aportación especialmente brillante. Quizás era que pasaba por alto alguna pieza vital de información.

¿Qué podría haber ocurrido en los últimos tres días que fuera tan importante como para que Jacob interrumpiera su negativa a contestar a mis llamadas y le hiciera ponerse en contacto conmigo? ¿Qué diferencia habían supuesto esos tres días?

Me quedé helada en mitad de la cocina. El paquete de hamburguesas congeladas que llevaba se deslizó entre mis manos aturdidas. Tardé un largo segundo en evitar el golpe que se hubieran dado contra el suelo.

Edward lo cogió y lo arrojó a la encimera. Sus brazos me rodearon rápidamente y pegó los labios a mi oído.

-¿Qué es lo que va mal?

Sacudí la cabeza., aturdida.

Tres días podrían cambiarlo todo.

¿No había estado yo pensando acerca de la imposibilidad de acudir al instituto por no poder estar cerca de la gente después de haber atravesado los dolorosos tres días de la conversión? Esos tres días me liberarían de la mortalidad, de modo que podría compartir la eternidad con Edward, una conversión que me haría prisionera definitivamente de mi propia sed.

¿Le había dicho Charlie a Billy que había desaparecido durante tres días? ¿Había Billy llegado por sí mismo a la conclusión evidente? ¿Lo que me había estado preguntando Jacob realmente era si todavía continuaba siendo humana? ¿Estaba asegurándose, en realidad, de que el tratado con los hombres lobo no se hubiera roto, y de que ninguno de los Cullen se hubiera atrevido a morder a un humano...? Morder, no matar...

Pero ¿es que él creía honradamente que yo volvería a casa si ése fuera el caso?

Edward me sacudió.

-¿Bella? -me preguntó, ahora lleno de auténtica ansiedad.

-Creo... creo que simplemente estaba haciendo una comprobación -mascullé entre dientes-. Quería asegurarse de que sigo siendo humana, a eso se refería.

Edward se puso rígido y un siseo ronco resonó en mi oído.

-Tendremos que irnos -susurré-. Antes. De ese modo no se romperá el tratado. Y nunca más podremos regresar.

Sus brazos se endurecieron a mi alrededor.

-Ya lo sé.

-Ejem -Charlie se aclaró la garganta ruidosamente a nuestras espaldas.

Yo pegué un salto y después me liberé de los brazos de Edward, enrojeciendo. Edward se reclinó contra la encimera. Tenía los ojos entornados y pude ver reflejada en ellos la preocupación y la ira.

-Si no quieres hacer la cena, puedo llamar y pedir una pizza -insinuó Charlie.

-No, está bien, ya he empezado.

-Vale -comentó él. Se acomodó contra el marco de la puerta con los brazos cruzados.

Suspiré y me puse a trabajar, intentando ignorar a mi audiencia.

 

-Si te pido que hagas algo, ¿confiarás en mí? -me preguntó Edward, con un deje afilado en su voz aterciopelada.

Casi habíamos llegado al instituto. Él había estado relajado y bromeando hasta hacía apenas un momento; ahora, de pronto, tenía las manos aferradas al volante e intentaba controlar la fuerza para no romperlo en pedazos.

Clavé la mirada en su expresión llena de ansiedad, con los ojos distantes como si escuchara voces lejanas.

Mi pulso se desbocó en respuesta a su tensión, pero contesté con cuidado.

-Eso depende.

Metió el coche en el aparcamiento del instituto.

-Ya me temía que dirías eso.

-¿Qué deseas que haga, Edward?

-Quiero que te quedes en el coche -aparcó en su sitio habitual y apagó el motor mientras hablaba-. Quiero que esperes aquí hasta que regrese a por ti.

-Pero, ¿por qué?

Fue entonces cuando le vi. Habría sido difícil no distinguirle sobresaliendo como lo hacía sobre el resto de los estudiantes, incluso aunque no hubiera estado reclinado contra su moto negra, aparcada de forma ilegal en la acera.

-Oh.

El rostro de Jacob era la máscara tranquila que yo conocía tan bien. Era la cara que solía poner cuando estaba decidido a mantener sus emociones bajo control. Le hacía parecerse a Sam, el mayor de los licántropos, el líder de la manada de los quileute, pero Jacob nunca podría imitar la serenidad perfecta de Sam.

Había olvidado cuánto me molestaba ese rostro. Había llegado a conocer a Sam bastante bien antes de que regresaran los Cullen, incluso me gustaba, aunque nunca conseguía sacudirme el resentimiento que experimentaba cuando Jacob imitaba la expresión de Sam. No era mi Jacob cuando la llevaba puesta. Era la cara de un extraño.

-Anoche te precipitaste en llegar a una conclusión equivocada -murmuró Edward-. Te preguntó por el instituto porque sabía que yo estaría donde tú estuvieras. Buscaba un lugar seguro para hablar conmigo. Un escenario con testigos.

Así que yo había malinterpretado las razones de Jacob para llamarme. El problema radicaba en la información faltante, por ejemplo por qué demonios querría Jacob hablar con Edward.

-No me voy a quedar en el coche -repuse.

Edward gruñó bajo.

-Claro que no. Bien, acabemos con esto de una vez.

El rostro de Jacob se endureció conforme avanzábamos hacia él, con las manos unidas.

Noté también otros rostros, los de mis compañeros de clase. Me di cuenta de cómo sus ojos se dilataban al posarse sobre los dos metros del corpachón de Jacob, cuya complexión musculosa era impropia de un chico de poco más de diecisiete años. Vi cómo aquellos ojos recorrían su ajustada camiseta negra de manga corta aunque el día era frío a pesar de la estación, sus vaqueros rasgados y manchados de grasa y la moto lacada en negro sobre la que se apoyaba. Las miradas no se detenían en su rostro, ya que había algo en su expresión que les hacía retirarlas con rapidez. También constaté la distancia que mantenían con él, una burbuja de espacio que nadie se atrevía a cruzar.

Con cierta sorpresa, me di cuenta de que Jacob les parecía peligroso. Qué raro.

Edward se detuvo a unos cuantos metros de Jacob. Tenía bien claro lo incómodo que le resultaba tenerme tan cerca de un licantropo. Retrasó ligeramente la mano y me echó hacia atrás para ocultarme a medias con su cuerpo.

-Podrías habernos llamado -comenzó Edward con una voz dura como el acero.

-Lo siento --contestó Jacob, torciendo el gesto con desprecio-. No tengo sanguijuelas en mi agenda.

-También podríamos haber hablado cerca de casa de Bella -la mandíbula de Jacob se contrajo y frunció el ceño sin contestar-. Este no es el sitio apropiado, Jacob. ¿Podríamos discutirlo luego?

-Vale, vale. Me pasaré por tu cripta cuando terminen las clases -bufó Jacob-. ¿Qué tiene de malo hablar ahora?

Edward miró alrededor con intención y posó la mirada en aquellos testigos que se hallaban a distancia suficiente como para escuchar la conversación. Unos pocos remoloneaban en la acera con los ojos brillantes de expectación, exactamente igual que si esperasen una pelea que aliviara el tedio de otro lunes por la mañana. Vi cómo Tyler Crowley le daba un ligero codazo a Austin Marks y ambos interrumpían su camino hacia el aula.

-Ya sé lo que has venido a decir -le recordó Edward a Jacob en una voz tan baja que apenas pude oírle--. Mensaje entregado. Considéranos advertidos.

Edward me miró durante un fugaz segundo con ojos preocupados.

-¿Avisados? -le pregunté sin comprender-. ¿De qué estás hablando?

-¿No se ló has dicho a ella? -inquirió Jacob, con los ojos dilatados por la sorpresa-. ¿Qué?, ¿acaso temes que se ponga de nuestra parte?

-Por favor, déjalo ya, Jacob -intervino Edward, con voz calmada.

-¿Por qué? -le desafió Jacob.

Fruncí el ceño, confundida.

-¿Qué es lo que no sé, Edward?

Él se limitó a seguir mirando a Jacob como si no me hubiera escuchado.

-¿Jake?

Jacob alzó una ceja en mi dirección.

-¿No te ha dicho que ese... hermano gigante que tiene cruzó la línea el sábado por la noche? -preguntó, con un tono lleno de sarcasmo. Entonces, fijó la vista en Edward-. Paul estaba totalmente en su derecho de...

-¡Era tierra de nadie! -masculló Edward.

-¡No es así!

Jacob estaba claramente echando humo. Le temblaban las manos. Sacudió la cabeza, e hizo dos inspiraciones profundas de aire.

-¿Emmett y Paul? -susurré. Paul era el camarada más inestable de la manada de Jacob. Él fue quien perdió el control aquel día en el bosque y el recuerdo de ese lobo gris gruñendo revivió repentinamente en mi mente-. ¿Qué pasó? ¿Es que se han enfrentado? -mi voz se alzó con una nota de pánico-. ¿Por qué? ¿Está herido Paul?

-No hubo lucha -aclaró Edward con tranquilidad, sólo para mí-. Nadie salió herido. No te inquietes.

Jacob nos miraba con gesto de incredulidad.

-No le has contado nada en absoluto, ¿a que no? ¿Ese es el modo en que la mantienes apartada? Por eso ella no sabe...

-Vete ya -Edward le cortó a mitad de la frase y su rostro se volvió de repente amedrentador, realmente terrorífico. Durante un segundo pareció un... un vampiro. Miró a Jacob con una aversión abierta y sanguinaria.

Jacob enarcó las cejas, pero no hizo ningún otro movimiento.

-¿Por qué no se lo has dicho?

Se enfrentaron el uno al otro en silencio durante un buen rato comenzaron a reunirse más estudiantes con Tyler y Austin. Vi a Mike al lado de Ben, y el primero tenía una mano apoyada en el hombro de Ben, como si estuviera reteniéndole.

En aquel silencio mortal, todos los detalles encajaron súbitamente en un ramalazo de intuición. Algo que Edward no quería que supiera. Algo que Jacob no me hubiera ocultado. Algo que había hecho que los Cullen y los licántropos anduvieran juntos por los bosques en una proximidad peligrosa.

Algo que había hecho que Edward insistiera en que cruzara el país en avión.

Algo que Alice había visto en una visión la semana pasada, una visión sobre la que Edward me había mentido. Algo que yo había estado esperando de todos modos. Algo que yo sabía que volvería a ocurrir, aunque deseara con todas mis fuerzas que no fuera así. ¿Es que nunca jamás se iba a terminar?

Escuché el rápido jadeo entrecortado del aire saliendo entre mis labios, pero no pude evitarlo. Parecía como si el edificio del instituto temblara, como si hubiera un terremoto, pero yo sabía que era sólo mi propio temblor el que causaba la ilusión.

-Ella ha vuelto a por mí -resollé con voz estrangulada.

Victoria nunca iba a rendirse hasta que yo estuviera muerta. Repetiría el mismo patrón una y otra vez ‑fintar y escapar, fintar y escapar‑ hasta que encontrara una brecha entre mis defensores.

Quizá tuviera suerte. Quizá los Vulturis vinieran primero a por mí, ya que ellos me matarían más rápido, por lo menos.

Edward me apretó contra su costado, posicionando su cuerpo de modo que él seguía estando entre Jacob y yo, y me acarició la cara con manos ansiosas.

-No pasa nada -me susurró-. No pasa nada. Nunca dejaré que se te acerque, no pasa nada.

Luego, se volvió y miró a Jacob.

-¿Contesta esto a tu pregunta, chucho?

-¿No crees que Bella tiene derecho a saberlo? -le retó Jacob-. Es su vida.

Edward mantuvo su voz muy baja. Incluso Tyler, que intentaba acercarse paso a paso, fue incapaz de oírle.

-¿Por qué debe tener miedo si nunca ha estado en peligro?

-Mejor asustada que ignorante.

Intenté recobrar la compostura, pero mis ojos estaban anegados de lágrimas. Podía imaginarla detrás de mis párpados, podía ver el rostro de Victoria, sus labios retraídos sobre los dientes, sus ojos carmesíes brillando con la obsesión de la venganza; ella responsabilizaba a Edward de la muerte de su amor, James, y no pararía hasta quitarle a él también el suyo.

Edward restañó las lágrimas de mi mejilla con las yemas de los dedos.

-¿Realmente crees que herirla es mejor que protegerla? -murmuró.

-Ella es más fuerte de lo que crees -repuso Jacob-. Y lo ha pasado bastante peor.

De repente el rostro de Jacob cambió y fijó la mirada en Edward una expresión extraña, calculadora. Entornó los ojos como si estuviera intentando resolver un difícil problema de matemáticas en su mente.

Sentí que Edward se encogía. Alcé los ojos para verle las faciones, que se crisparon con un sentimiento que sólo podía ser dolor. Por un momento espantoso, recordé una tarde en Italia, en aquella macabra habitación de la torre de los Vulturis, donde Jane había torturado a Edward con aquel maligno don que poseía, quemándole simplemente con el poder de su mente...

Ell recuerdo me ayudó a recuperarme de mi inminente ataque de histeria y puso las cosas en perspectiva, ya que prefería que Victoria me matase cien veces antes que verle sufrir de ese modo otra vez.

-Qué divertido -comentó Jacob, carcajeándose mientras observaba el rostro de Edward...

...que hizo otro gesto de dolor, pero consiguió suavizar su expresión con un pequeño esfuerzo, aunque no podía ocultar la agonía de sus ojos.

Miré fijamente, con los ojos bien abiertos, primero la mueca de Edward y luego el aire despectivo de Jacob.

-¿Qué le estás haciendo? -inquirí.

-No es nada, Bella -me aseguró Edward en voz baja-. Sólo que Jacob tiene muy buena memoria, eso es todo.

El aludido esbozó una gran sonrisa y Edward se estremeció de nuevo.

-¡Para ya! Sea lo que sea que estés haciendo.

-Vale, si tú quieres -Jacob se encogió de hombros-. Aunque es culpa suya si no le gustan mis recuerdos.

Le miré fijamente y él me devolvió una sonrisa despiadada, como un chiquillo pillado en falta haciendo algo que sabe que no debe hacer por alguien que sabe que no le castigará.

-El director viene de camino a echar a los merodeadores de la propiedad del instituto -me murmuró Edward-. Vete a clase de Lengua, Bella, no quiero que te veas implicada.

-Es un poco sobreprotector, ¿a que sí? -comentó Jacob, dirigiéndose sólo a mí-. Algo de agitación hace que la vida sea divertida. Déjame adivinar, ¿a que no tienes permiso para divertirte?

Edward le fulminó con la mirada y sus labios se retrajeron levemente sobre sus dientes.

-Cierra el pico, Jacob -le dije.

El se echó a reír.

-Eso suena a negativa. Oye, si alguna vez quieres volver a vivir la vida, ven a verme. Todavía tengo tu moto en mi garaje.

Esta noticia me distrajo.

-Se supone que deberías haberla vendido. Le prometiste a Charlie que lo harías.

Le supliqué a mi padre que se vendiera en atención a Jacob. Después de todo, él había invertido semanas de trabajo en ambas motos y merecía algún tipo de compensación, ya que si hubiera sido por Charlie, habría tirado la moto a un contenedor. Y probablemente después le habría prendido fuego.

-Ah, sí, claro. Como si yo pudiera hacer eso. Es tuya, no mía. De cualquier modo, la conservaré hasta que quieras que te la devuelva.

Un pequeño atisbo de la sonrisa que yo recordaba jugueteó con ligereza en las comisuras de sus labios.

-Jake...

Se inclinó hacia delante, con el rostro de repente lleno de interés, sin apenas sarcasmo.

Creo que lo he estado haciendo mal hasta ahora, ya sabes, acerca de no volver a vernos como amigos. Quizá podríamos apañarnos, al menos por mi parte. Ven a visitarme algún día.

Me sentía plenamente consciente de Edward, con sus brazos todavia en torno a mi cuerpo, protegiéndome, e inmóvil como una piedra. Le lancé una mirada al rostro, que aún seguía tranquilo, paciente.

-Esto, yo... no sé, Jake.

Jacob abandonó su fachada hostil por completo. Era casi como Inibiera olvidado de que Edward estaba allí, o al menos como estuviera decidido a actuar así.

-Te echo de menos todos los días, Bella. Las cosas no son lo mismo sin ti.

-Ya lo sé y lo siento, Jake, yo sólo...

Él sacudió la cabeza y suspiró.

-Lo sé. Después de todo, no importa, ¿verdad? Supongo que sobreviviré o lo que sea. ¿A quién le hacen falta amigos? -hizo una mueca de dolor, intentando disimularla bajo un ligero barniz bravucón.

EI sufrimiento de Jacob siempre había disparado mi lado protector. No era racional del todo, ya que él difícilmente necesitaba el tipo de protección física que yo le pudiera proporcionar, pero mis brazos, atrapados con firmeza bajo los de Edward, ansiaban alcanzarle, para enredarse en torno a su cintura grande y cálida en una silenciosa promesa de aceptación y consuelo.

Los brazos protectores de Edward se habían convertido en un encierro.

-Venga, a clase -una voz severa resonó a nuestras espaldas-. Póngase en marcha, señor Crowley.

-Vete al colegio, Jake -susurré, nerviosa, en el momento en que reconocí la voz del director. Jacob iba a la escuela de los quileute, pero podría verse envuelto en problemas por allanamiento de propiedad o algo así.

Edward me soltó, aunque me cogió la mano y continuó interponiendo su cuerpo entre nosotros.

El señor Greene avanzó a través del círculo de espectadores, con las cejas protuberantes como nubes ominosas de tormenta sobre sus ojos pequeños.

-¡He dicho que ya! -amenazó-. Castigaré a todo el que me encuentre aquí mirando cuando me dé la vuelta.

La concurrencia se disolvió antes de que hubiera terminado la frase.

-Ah, señor Cullen. ¿Qué ocurre aquí? ¿Algún problema?

-Ninguno, señor Greene. íbamos ya de camino a clase.

-Excelente. Creo que no conozco a su amigo -el director volvió su mirada fulminante a Jacob-. ¿Es usted un estudiante del centro?

Los ojos del señor Greene examinaron a Jacob y vi cómo llegaba a la misma conclusión que todo el mundo: peligroso. Un chaval problemático.

-No -repuso Jacob, con una sonrisita de suficiencia en sus gruesos labios.

-Entonces le sugiero que se marche de la propiedad de la escuela rápido, jovencito, antes de que llame a la policía.

La sonrisita de Jacob se convirtió en una sonrisa en toda regla y supe que se estaba imaginando a Charlie deteniéndole, pero su expresión era demasiado amarga, demasiado llena de burla para satisfacerme. Ésa no era la sonrisa que yo esperaba ver.

Jacob respondió: «Sí, señor», y esbozó un saludo militar antes de montarse en su moto y patear el pedal de arranque en la misma acera. El motor rugió y luego las ruedas chirriaron cuando las hizo dar un giro cerrado. Jacob se perdió de vista en cuestión de segundos.

El señor Greene rechinó los dientes mientras observaba la escena. Señor Cullen, espero que hable con su amigo para que no vuelva a invadir la propiedad privada.

-No es amigo mío, señor Greene, pero le haré llegar la advertencia.

El señor Greene apretó los labios. El expediente académico intachable de Edward y su trayectoria impecable jugaban claramente a su favor en la valoración del director respecto al incidente. Ya veo. Si tiene algún problema, estaré encantado de...

-No hay de qué preocuparse, señor Greene. No hay ningún gobierna.

-Espero que sea así. Bien, entonces, a clase. Usted también, señorita Swan.

Edward asintió y me empujó con rapidez hacia el edificio donde estaba el aula de Lengua.

-¿Te sientes bien como para ir a clase? -me susurró cuando dejamos atrás al director.

-Sí -murmuré en respuesta, aunque no estaba del todo segura de estar diciendo la verdad.

Aunque si me sentía o no bien, no era el tema más importante. Necesitaba hablar con Edward cuanto antes y la clase de Lengua no era el sitio ideal para la conversación que tenía en mente.

Pero no había muchas otras opciones mientras tuviéramos al señor Greene justo detrás de nosotros.

Llegamos al aula un poco tarde y nos sentamos rápidamente en nuestros sitios. El señor Berty estaba recitando un poema de Frost. Hizo caso omiso a nuestra entrada, con el fin de que no se rompiera el ritmo de la declamación.

Arranqué una página en blanco de mi libreta y comencé a escribir, con una caligrafía más ilegible de lo normal debido a mi nerviosismo.

¿Que es lo que ha pasado? Y no me vengas con el rollo protector, por favor.

Le pasé la nota a Edward. Él suspiró y comenzó a escribir. Le llevó menos tiempo que a mí, aunque rellenó un párrafo entero con su caligrafía personal antes de deslizarme el papel de vuelta.

Alice vio regresar a Victoria. Te saque de la ciudad como simple precaución, aunque nunca hubo oportunidad de que se acercara a ti de ningún modo. Emmett y Jasper estuvieron a pundo de atraparla, pero ella tiene un gran instinto para huír. Se escapó justo por la línea que marca la frontera con los licántropos de un modo tan preciso como si la hubiera visto en un mapa. Tampoco ayudó que las capacidades de Alice se vieran anuladas por la implicación de los quileute. Para ser justo he de admitir que los quileute podían haberla atrapado también si no hubiéramos estado nosotros de por medio. El lobo gris grande pensó que Emmett había traspasado la línea y se puso a la defensiva. Desde luego, Rosalie entró en acción y todo el mundo abandonó la casa para defender a sus compañeros.

Carlisle y Jasper consiguieron calmar la situación antes de que se nos fuera de las manos. Pero para entonces, Victoria se había escapado. Eso es todo.

Fruncí el entrecejo ante lo que había escrito en la página. Todos ellos habían participado en el asutno, Emmett, Jasper, Alice, Rosalie y Carlisle. Quizás incluso haste Esme, aunque él no la había mencionada. Y además, Paul y el resto de la manda de los quileute. No hubiera sido difícil convertir aquello en una lucha encarnizada, que hubiera enfrentado a mi futura familia con mis viejos amigos. Y cualquiera de ellos podría haber salído herido. Supuse que los lobos habrían corrido más peligro, pero imaginarme a la pequeña Alica al lado de alguno de aquellos gigantes licántropos, luchando...

Me estremecí.

Cuidadosamente, borré todo el párrafo con la goma y entonces escribí en la parte superior:

¿Y qué pasa con Charlie? Victoria podria haber ido a por él.

Edward estaba negando con la cabeza antes incluso de que terminara; resultaba obvio que intentaba quitar importancia al peligro que Charlie podría haber corrido. Levantó una mano, pero yo lo ignoré y continué escribiendo:

No puedes saber qué pasa por la mente de Victoria, sencillamente porque no estabas aquí. Florida fue una mala idea.

Me arrebató el papel de las manos:

No iba a dejarte marchar sola. Con la suerte que tienes, no habrían encontrado ni la caja negra.

Eso no era lo que yo quería decir en absoluto. Ni siquiera se me había ocurrido irme sin él. Me refería a que habría sido mejor que nos hubiéramos quedado aquí los dos. Pero su respuesta me distrajo y me molestó un poco. Como si yo no pudiera volar a través del país sin provocar un accidente de avión. Muy divertido, claro.

Digamos que mi mala suerte hiciera caer el avión. ¿Qué es exactamente lo que tú hubieras podido hacer al respecto?

¿Por qué tendría que estrellarse?

Ahora intentaba disimular una sonrisa.

Los pilotos podrían estar borrachos.

Facil. Pilotaría el avión.

Claro. Apreté los labios y lo intenté de nuevo.

Explotar los dos motores y caemos en una espiral mortal hacia el suelo.

Esperaría hasta que estuviéramos lo bastante cerca del suelo, te agarraría bien fuerte, le daría una patada a la pared y saltaría. Luego, correría de nuevo hacia la escena del accidente y nos tambalearíamos como los dos afortunados supervivientes de la historia.

Le miré sin palabras.

-¿Qué? -susurró. Sacudí la cabeza, intimidada.

-Nada -articulé las palabras sin pronunciarlas en voz alta. Di por terminada la desconcertante conversación y escribí sólo una línea más.

La próxima vez me lo contarás.

Sabía que habría otra vez. El esquema se repetiría hasta que alguien perdiera.

Edward me miró a los ojos durante un largo rato. Me pregunté qué aspecto tendría mi cara, ya que la sentía fría, como si la sangre no hubiera regresado a mis mejillas. Todavía tenía las pestañas mojadas.

Suspiró y asintió sólo una vez.

Gracias.

El papel desapareció de mis manos. Levanté la mirada, parpadeando por la sorpresa, para encontrarme al señor Berty viniendo por el pasillo.

-¿Tiene algo ahí que tenga que darme, señor Cullen?

Edward alzó una mirada inocente y puso la hoja de papel encima de su carpeta.

-¿Mis notas? -preguntó, con un tono lleno de confusión.

EI señor Berty observó las anotaciones: una perfecta trascripcion de su lección, sin duda, y se marchó con el ceño fruncido.

 

Más tarde, en clase de Cálculo, la única en la que no estaba con Edward, escuché el cotilleo.

-Apuesto a favor del indio grandote -decía alguien.

Miré a hurtadillas y vi a Tyler, Mike, Austin y Ben con las cabezas inclinadas y juntas, conversando muy interesados.

-Vale -susurró Mike- ¿Habéis visto el tamaño de ese chico, el tal Jacob? Creo que habría podido con Cullen -Mike parecía encantado con la idea.

-No lo creo -disintió Ben-. Edward tiene algo. Siempre está tan... seguro de sí mismo. Me da la sensación de que más vale cuidarse de él.

-Estoy con Ben -admitió Tyler-. Además, si alguien se metiera con Edward, ya sabéis que aparecerían esos hermanos enormes que tiene...

-¿Habéis ido por La Push últimamente? -preguntó Mike-. Lauren y yo fuimos a la playa hace un par de semanas y creedme, los amigos de Jacob son todos tan descomunales como él.

-Uf -intervino Tyler-. Menos mal que esto ha terminado sin que la sangre llegara al río. Ojalá no averigüemos cómo podría haber acabado la cosa.

-Pues si hubiera leña, a mí no me importaría echar una ojeada -dijo Austin-. Quizá deberíamos ir a ver.

Mike esbozó una amplia sonrisa.

-¿Alguien está de humor para apostar?

-Diez por Jacob -propuso Austin rápidamente.

-Diez a Cullen -replicó Tyler.

-Diez a Edward -imitió Ben.

-Apuesto por Jacob -intervino Mike.

-Bueno, chicos, ¿y alguien sabe de qué iba el asunto? -se preguntó Austin-. Eso podría afectar a las probabilidades.

-Puedo hacerme una idea -apuntó Mike, y entonces lanzó una mirada en mi dirección al mismo tiempo que Ben y Tyler.

Colegí de sus expresiones que ninguno se había dado cuenta de que estaba a una distancia en la que era fácil oírles. Todos apartaron la mirada con rapidez, removiendo los papeles en los pupitres.

-Mantengo mi apuesta por Jacob -musitó Mike entre dientes.

biografia de nikki reed

Nicole Houston Reed (17 de mayo de 1988 ) es una actriz y escritora estadounidense

 

Reed y la directora Catherine Hardwicke concluyeron el libreto de la película , Thirteen en 6 días, tiempo muy rápido para los escritores de Hollywood .

En la película Thirteen (basada en su propia vida) actuó junto con Evan Rachel Wood en 2003 .

Ha actuado en películas sobre temas de adolescentes, como Lords of Dogtown , también dirigida por Catherine Hardwicke .

A principios de 2006 apareció en la serie The O.C. como Sadie, lo cual dio lugar al "flechazo" con el actor Benjamin McKenzie en su papel como Ryan Atwood.

Su papel en Mini's First Time , Reed actúa como una adolescente que obliga a su padrastro a asesinar a su madre, para lo cual utiliza el arma de la seducción femenina.

En 2008 interpretó a Rosalie Hale en la película , Crepúsculo basada en el best seller del mismo nombre de Stephenie Meyer .

Este año 2009 dara vida nuevamente al personaje de Rosalie Hale en la saga de Crepúsculo Luna Nueva que iniciaron las grabaciones en Marzo del presente año en Vancouver , Canadá y finalizar en Volterra , Italia para estrenar la pelicula el 20 de Noviembre de este mismo año.

Recientemente la actriz anuncio su noviazgo con el multimillonario griego Paris Latáis, ex novio de Paris Hilton.

biografia de ashley greene

Ashley Michele Greene (21 de febrero de 1987 ) es una actriz y modelo estadounidense .

 

Nacida en Jacksonville , a los 17 años de edad se graduó del High School y viajó a Los Ángeles en búsqueda de una carrera como actriz.

Inicialmente su deseo era el de convertirse en una modelo , pero después de tomar clases de actuación decidió que esta era su vocación y dejó a un lado el modelaje.

Ha participado en distintos programas de televisión, como Punk'd o Crossing Jordan .

En 2008 interpretó a Alice Cullen en la película Crepúsculo , basada en el best seller del mismo nombre de Stephenie Meyer .

En 2009 interpretará nuevamente a Alice Cullen en Luna nueva .

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